Desde la Ley 1420, pasando por la reforma universitaria, la gratuidad de aranceles y la fundación de nuevas universidades nacionales, los argentinos hemos decidido hacer realidad el derecho humano a la educación establecido en nuestra Constitución Nacional como pocos países en el mundo.

Lo hicimos y lo hacemos con nuestro trabajo e impuestos. Me gradué de la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad de La Plata y estoy orgulloso de ser Profesor de la Universidad de Buenos Aires desde hace décadas. Soy consciente de que no hubiese podido hacerlo si no nacía en la Argentina, y eso es gracias a una política de Estado sostenida.

Por eso, si alguien te dice que la marcha está politizada decile que es cierto. Recordale que sin política el prestigio internacional de nuestra ciencia no sería posible y que los Premios Nobel no se otorgan a quienes se alejan de la política sino a quienes se arriesgan y se comprometen con sus comunidades y con la humanidad.

Sí te dicen que no hay plata para la educación acordate que están gastando cientos de millones dólares de nuestros impuestos en comprar aviones caducos para buscar la guerra en otras latitudes. Recordales las palabras del colega Nobel y fundador del CONICET, Bernardo Houssay: “la ciencia no es cara, cara es la ignorancia”.

Si te dicen que nos va a salvar un “Embajador de la Luz” que dice responder a las “fuerzas del cielo” decile que nosotros preferimos seguir el camino colectivo y nacional de la Paz, la ciencia, la pluralidad religiosa y el desarrollo humano.

Tenemos mucho futuro por delante si lo defendemos con coraje.