En 2018, el inmueble fue declarado “Monumento Nacional en categoría de Histórico”. La Corporación de Memoria y Cultura de Puchuncaví avanza en la habilitación del Museo de Sitio en su etapa 1, pero también en instancias de participación con la comunidad.

“El contraste. De una etapa feliz, como fue ésa, llegamos a una de horror…”

Desde 2007, los integrantes de la Corporación de Memoria y Cultura de Puchuncaví visitaron este recinto ubicado sobre una pequeña colina. “Fuimos observando que paulatinamente los vestigios del campo iban desapareciendo” relatan.

Luego de constituirse como asociación en agosto de 2014, comenzaron a escribir la cuarta historia de Melinka: rescatar y preservar la memoria histórica de este lugar.

Y para cumplir ese objetivo lo que sucedió el 6 de abril de 2018 se considera como un paso clave. El inmueble fue declarado “Monumento Nacional en categoría de Histórico al Sitio Balneario Popular y Campo de Prisioneros Políticos Melinka-Puchuncaví”, con una superficie protegida de cerca de 9 mil metros cuadrados.

Se reconocen la cabaña, casino/comedor y elementos del sitio como el árbol (un molle ubicado al final del predio hacia el oriente), el depósito de agua (límite norte), cancha de básquetbol, entre otros.

Desde enero de 2020 se trabaja en la habilitación del Museo de Sitio que se encuentra en su Etapa 1. Sus impulsores e impulsoras dan cuenta de que el compromiso ha sido fundamental para avanzar en este proyecto. Y en ese camino, para algunos, también significa rememorar un pasado que tiene luces y muchas sombras.

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¿Cuál fue la etapa feliz? La primera historia responde a la Medida N°29 del gobierno del Presidente Salvador Allende. Puchuncaví fue uno de los 16 Balnearios Populares que se construyeron e instalaron en diversas playas desde Arica hasta Duao. Su diseño, construcción y montaje estuvo a cargo de la Dirección de Equipamiento Comunitario (DEC) del Ministerio de la Vivienda (MINVU), cumpliendo con el compromiso contraído por la Unidad Popular de hacer realidad el derecho de los trabajadores al esparcimiento y la cultura.

Al verano de 1973, numerosas familias de trabadores y trabajadoras tuvieron la posibilidad de disfrutar por primera vez en su vida de vacaciones. Sin embargo, meses después las vivencias en este recinto tendrían un giro radical.

La segunda historia, encierro y una paradoja

 Luego del golpe militar, estos balnearios fueron traspasados a diferentes ramas de las Fuerzas Armadas y algunos se habilitaron para su funcionamiento como campos de detención. El de Puchuncaví quedó en manos de la Armada de Chile y la Infantería de Marina estaba a cargo del recinto que funcionó entre 1973 y 1976.

Los relatos señalan que las cabañas eran reconocidas por su color: celeste, rosada, verde, naranja y amarilla.

“La Semana Santa del año 75´ pasaron cosas muy brutales ahí. Se hizo una homilía y en la noche la infantería de marina salió como animales, se pintaron la cara, sacaron a los prisioneros y los echaron al estanque de agua. Destruyeron cosas en las cabañas y la gente quedó en muy malas condiciones, golpeada…Nosotros llegamos una semana y media después que pasó eso y había amainado un poco” recuerda Rodrigo Del Villar.

En entrevista con Diario y Radio Universidad de Chile, Del Villar cuenta que los trasladaron desde Tres Álamos a Puchuncaví en tres buses.

“Nadie podía levantar las manos, teníamos que estar sentados, no podíamos abrir la boca y con una cantidad grande de militares. Llegamos en la tarde, nos bajaron y nos formaron en la cancha de básquetbol”.

Ése fue el momento en que decidieron la ubicación de cada uno en las llamadas cabañas-celdas.

“Yo llegué a la celda N°2 de color naranja y algunos nos miraban mal porque éramos jóvenes, de 22 o 23 años en esa época. Y uno se sentía extraño, imagina llegar a una pieza donde hay 5 tipos que no habías visto en tu vida”.

Más crucial aún fueron los anafes clandestinos en que se hervía el agua para el té o café de la noche, cuando caía el toque de queda o encierro. En algunas celdas los prisioneros mantenían radios y mucho más escasos fueron los televisores.

“La vida interior era más fácil llevarla cuando había confianza. Dentro de la cabaña podíamos hablar, era el momento que estábamos solos y lo aprovechamos al máximo para conversar…

A las siete de cada mañana se escuchaban los sonidos de silbatos que convocaban a la “cuenta”.

“Y se organizaban las cuadrillas de trabajo (cocina y limpieza) y el resto quedaba libre. Podía dedicarse a la artesanía y cursos…

Al interior del recinto quedaban espacios disponibles para que los prisioneros realizaran ejercicios como la cancha de básquetbol. También una cancha de fútbol que se ubicaba en el terreno contiguo al campo.

La explanada en la cima de la colina era un espacio para hacer caminatas. Contemplaban el horizonte y las chimeneas siempre humeantes de la Refinería de Ventana.

Rodrigo Del Villar menciona que se desarrollaron diversas actividades, en las que destacaron las obras de teatro producidas por Oscar Castro , conocido como el Cuervo o “el alcalde de Melinka”.

“Cuando te avisan que te tienes que ir, pasaba una paradoja. Ahí estando preso estabas más seguro que si te soltaban o estabas en la calle… la salida impactaba mucho. Cuando alguien se iba se ponían los presos en fila y se iban despidiendo. Generaba mucho dolor dejar a tus compañeros”

En este recorrido por la segunda historia del recinto, el presidente de la Corporación de Memoria y Cultura de Puchuncaví cita “dos hitos” en esta cronología.

“La huelga de hambre del año 75 tuvo que ver con el Caso de los 119. Estuvimos en un lote que todos teníamos militancia, bajamos de Villa Grimaldi y estuvimos con muchos compañeros y compañeras que después aparecieron en esta lista y diarios apócrifos. La huelga fue una denuncia más que nada pretendiendo que la gente supiera lo que estaba haciendo la dictadura, como estaban haciendo estos montajes …ello llevó a que un grupo estuviera en huelga 6 o 7 días, es la primera huelga que se hace en Chile en dictadura y con gente presa. Tiene un tremendo valor…”

“Cuenta que llega una señora a pedir ayuda porque estaba a punto de parir. El comandante dio la orden a los médicos nuestros (Renato Alvarado y Francisco Vielma) y ellos atienden a la señora y nace una niñita. Recuerdo que se escuchaba mucho movimiento esa noche y en la mañana temprano nos enteramos de este nacimiento ..en un campo donde habían solo hombres. Nos pusimos en fila fuera de la enfermería para saludarla y entregar un regalito… Después pasó el tiempo, con el tema del reconocimiento del lugar me invitaron un día a Puchuncaví y la conocí: Blanca Francisca Melinka. Y ella me dice: ¿por qué no vinieron antes si los he esperado tantos años?

La cabaña celda vuelve a su Sitio

La tercera historia se divide en dos.  Por testimonios, se sabe que en su momento fue utilizado por militares del regimiento Quillota. Posteriormente, fue el desmantelamiento y las partes son enviadas a diferentes destinos. Luego se presentó una etapa de abandono donde jóvenes de esa época, que vivían en Puchuncaví, cuentan que iban a jugar con amigos y amigas al lugar. Años después y con la existencia de la Corporación de Memoria y Cultura de Puchuncaví, comenzó la cuarta historia.  Reciben la información que el comedor fue trasladado a la medialuna de Puchuncaví y una cabaña a la escuela en Maitencillo.

 “En Maitencillo, la primera vez, casi nos fuimos de espalda porque esa cabaña era lo que quedaba del campo. Había una gran motivación para recuperar todo eso por lo que ahí comenzó nuestro trabajo. Empezamos a tener reuniones con la municipalidad de Puchuncaví y sin mucho éxito. En rigor, nos trataron más o menos mal …pasaron tres alcaldes para que esto caminara” lamenta Rodrigo Del Villar.

“El comedor-agrega- es una historia triste. Estábamos preparándonos para rescatar, más que el comedor, el techo porque era una estructura de roble que ya no se fabricaba y con metal. Lamentablemente, no alcanzamos porque lo quemaron. ¿Quiénes? Nunca se supo. Solo salvamos algunas vigas que estaban quemadas y las trasladamos a Maitencillo y luego al campo, la ocuparemos posiblemente para reconstruir una torre de vigilancia…”

En 2018, el terreno es declarado Monumento Nacional en categoría de Histórico y de propiedad de la Municipalidad de Puchuncaví. Posteriormente, se acordó por votación que se entregara parte de los terrenos en comodato a la Corporación por un plazo de 20 años renovables. La cabaña que reconocieron en Maitencillo debía volver a Melinka. Con este anhelo, un equipo multidisciplinario que tenía experiencia en maderas patrimoniales asumió esta responsabilidad.

Durante varios meses se realizó un diagnóstico del inmueble. En enero de 2020, se dio inicio a una de las tareas “más complejas del proyecto”: el desarme y traslado de la única cabaña que queda del Sitio. Fernanda Espinosa, coordinadora de patrimonio y conservación del proyecto puesta en valor de Melinka Puchuncaví, explica el primer proceso. “Tenía como objetivo el estudio material, entender el estado de conservación de la cabaña y dejar el registro del estado actual antes de que sucediera el desarme” agrega la especialista.

Esta cabaña al ser de madera tiene muchos registros que dan cuenta de todo el historial de ocupación.

“Al haber escritos que quedaron protegidos en distintas zonas de la cabaña se conservaron bien. Ahí hubo un trabajo muy interesante de levantamiento, donde nos ayudó el Centro Nacional de Conservación y Restauración, que utilizó distintas técnicas de iluminación para ver rayados, incisos de la época, hay nombres y fechas” dice Espinosa.

Por otra parte, al ser sacada de su contexto empezó a tener otros usos. Por ejemplo, en la escuela sirvió de casa/habitación del cuidador y también como bodega.

“Esos otros usos generaron una serie de tensiones y deficiencias. Habían problemas estructurales porque se sobrecargó y se armó de mala manera en la escuela. Son cabañas modulares que estaban pensadas para su desarme y fácil armado, pero no fue montado en los pilotes como correspondía” afirma la Máster en Diagnóstico del Estado de Conservación del Patrimonio Histórico Universidad Pablo Olavide.

Lo primero-aclara Espinosa- es que el modelo constructivo es muy interesante porque está pensado de manera modular por lo que el desarme fue menos complejo de lo que esperaban. Y tenían otro punto a favor, contar con información histórica del modelo, como fotografías. “Logramos un desarme exitoso” asegura.

Es fundamental recuperar la memoria, estos sitios no solo nos hablan del pasado sino que la idea es buscar un resignificado para el presente y el futuro” reflexiona Fernanda Espinosa.  

La bióloga ambiental de la Universidad de Chile recuerda que luego de terminar sus estudios siguió “una carrera poco usual” porque se concentró en el mundo  de la restauración y conservación patrimonial. Trabajó once años en el Centro Nacional de Conservación y Restauración con una línea vinculada a la preservación e investigación en sitios asociados a violaciones de derechos humanos.

“Trabajamos en distintos centros de detención para levantar y preservar información. Vimos que estaban en estados muy vulnerables, en los que nos tocó seguir, muchos de ellos asociados a procesos de borraduras”

En el caso de Melinka Puchuncaví, Espinosa se refiere a la mirada local.

“Estamos en una zona de sacrificio que tiene una lucha actual. Se pueden entregar herramientas y este espacio a la comunidad para instalar sus problemas. Es muy interesante lo que se ha generado a partir de este proyecto porque hay mucho interés”.

Mirar más allá de la “pérdida”

“Así como lo más complejo fue el trazado …también podría mencionar la pandemia” afirma Fernanda Espinosa. Varios meses pasaron en 2020 antes de retomar estos primeros pasos que se enmarcan en la Etapa 1 para la instalación de un Museo de Sitio.

“Nos obligó a cerrar cuando íbamos bien con los tiempos de nuestro proyecto. Habíamos trasladado todo al sitio, teníamos la instalación de faenas, los paneles restaurados listos para instalar y parar todo. Es complejo, es caro, los materiales se deterioran, paramos en marzo y retomamos en noviembre”

Esta etapa preliminar se une a la idea original del directorio de la Corporación de generar también un centro cultural.

“A mí me pareció que el sitio estaba aquí aun…y tenía mucha información” dijo Daniela Bracchitta, Jefa Unidad de Patrimonio Arqueológico y Etnográfico del Centro Nacional de Conservación y Restauración (CNCR), en su visita al terreno en marzo de 2020.

Durante las últimas semanas, Fernanda Espinosa trabaja en terreno y cuenta sobre otros proyectos que están en desarrollo. Entre ellos, desde lo museográfico, la zona del exterior (cancha de básquetbol), investigación arqueológica de algunas zonas del sitio, evaluar áreas de actividad (donde se realizaban artesanías) y sumar una instancia de participación ciudadana.

Voces en una “zona de sacrificio”

“Siendo el único Monumento Histórico de Puchuncaví, se precisan acciones que aporten en su resignificación, fomentando la apropiación local que enfrente al recambio generacional”. Así lo planteaba Silvana Griffero, coordinadora de proyectos de la Corporación, en abril pasado. En esa fecha convocaron al taller  “La madera como elemento constructivo, patrimonial y biológico“.

Hace algunas semanas, solicitaron una reunión con el nuevo Concejo Municipal para presentar el trabajo que se está realizando en el recinto. “Solicitamos que nos hicieran traspaso del resto del monumento nacional a la corporación o, en su defecto, administrar el espacio entre el municipio y nosotros dado que ahí es donde tenemos la mayor cantidad de vestigios ahora” agrega Rodrigo Del Villar.

“La cabaña se ve del camino, les ha traído recuerdos y la actitud de la comunidad ha sido excelente… La historia de Puchuncaví cambia cuando llega el campo de prisioneros porque se generaron diversas economías de escala: se vendía pan, ofrecían las verduras…Había mucho movimiento cuando llegaban las visitas, así lo cuentan en las entrevistas que hicimos a personas de esa época”

 Esta lista de iniciativas vinculadas con el sitio responde a las necesidades de la comunidad, asegura el presidente de la corporación.

“No vamos a llegar desde Santiago a tomar las decisiones. Ellos tienen los problemas y dificultades más claros a nivel local, por ejemplo, alcoholismo o drogadicción. También la violencia de género, inmigración, todos temas que requieren porque lamentan ‘acá a los pueblos chicos no llega nada’…

Destacan los alcances de un convenio con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile para el desarrollo de proyectos en torno a medioambiente, derechos humanos, entre otros.

“Salimos de la lógica de la memoria y nos abrimos para este otro tipo de aportes. Eso no implica que dejemos de lado la memoria, jamás, para nosotros es algo que debe perdurar: una planta que necesita agua todos los días para que no se seque…”

Texto e imagen: Radio U. de Chile https://radio.uchile.cl/2021/09/25/memoria-y-dd-hh-en-puchuncavi-el-regreso-de-la-cabana-celda-a-melinka/