CARTA A NUESTROS HERMANOS Y HERMANAS DE QUINTERO Y PUCHUNCAVÍ

Compartimos la carta abierta de la Comunidad  Cristiana Obispo Oscar Romero, Valparaíso

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En nuestra comunidad hemos reflexionado mucho sobre el grave problema que significa vivir en un lugar que la codicia ha convertido en un territorio tóxico, que envenena y mata lentamente y que altera la vida y las posibilidades de llegar a ser personas íntegras. Algunos de nosotros hemos apoyado directamente las manifestaciones que se han desarrollado para dar a conocer el problema y reclamar soluciones.

Sin embargo como comunidad cristiana hemos querido llegar ojalá a cada uno de ustedes para darles una palabra de aliento. Estamos convencidos que el problema que han planteado es tan grave que demanda soluciones. Y sin embargo, las instituciones que debieran encaminarse a resolver este problema, esquivan el bulto y se refugian en medidas de parche, que lo único que logran es prolongar por tiempo indefinido el mismo daño que los aqueja.
El Quintero, Puchuncaví, Ventanas, Horcón, Loncura, Campiche, La Greda, Los Maitenes y otras localidades de la zona donde viven, se ha desarrollado a lo largo del tiempo una forma de explotación del medio ambiente que ha dejado todo el territorio en condiciones inhabitables para poder tener una vida normal. Con el eufemismo hipócrita de “Zona de Sacrificio” se hace hoy referencia a lo que debiera llamarse “Zona de Crimen Ambiental”. En el lugar donde se desarrollan sus vidas se ha configurado, a lo largo de un período prolongado de tiempo, algo equivalente a lo que un terremoto y maremoto generó en Japón en torno a la central nuclear de Fukushima. Es un lugar que no permite desarrollar la vida humana en condiciones que pueda permitir que las personas prosperen y alcancen la felicidad; en Japón se decretó que el territorio afectado cercano a Fukushima, debía ser despoblado y las personas que vivían en él fueron reubicadas y compensadas por ese daño.
Queremos también alentarlos a continuar en su lucha por resolver estos graves problemas. Hay gente que piensa que la presencia de las industrias es la causa de la contaminación; hay otros que piensan que las malas prácticas de esas industrias son la causa del desastre y que, si esas malas prácticas se cambian, se podría iniciar el camino para descontaminar la “Zona de Crimen Ambiental”. Hasta ahora, ninguna de las medidas que pondría fin a la contaminación futura genera una recuperación del territorio donde viven, que seguirá siendo tóxico por muchos años. Lo que sí es claro es que las medidas que se han implementado hasta ahora no atacan las causas de la contaminación, sino solamente -y de manera que parece precariamente eficaz- atacan las consecuencias de la contaminación.
El Papa Francisco ha hablado extensamente en la encíclica “Alabado Seas” (Laudato Si) sobre estos problemas. Citamos un párrafo de la encíclica que dice relación con la responsabilidad de las autoridades: 
“177. Ante la posibilidad de una utilización irresponsable de las capacidades humanas, son funciones impostergables de cada Estado planificar, coordinar, vigilar y sancionar dentro de su propio territorio. La sociedad, ¿cómo ordena y custodia su devenir en un contexto de constantes innovaciones tecnológicas? Un factor que actúa como moderador ejecutivo es el derecho, que establece las reglas para las conductas admitidas a la luz del bien común. Los límites que debe imponer una sociedad sana, madura y soberana se asocian con: previsión y precaución, regulaciones adecuadas, vigilancia de la aplicación de las normas, control de la corrupción, acciones de control operativo sobre los efectos emergentes no deseados de los procesos productivos, e intervención oportuna ante riesgos inciertos o potenciales.” 
En otros párrafos de la encíclica, con toda claridad, ha dicho que allí donde la codicia y la explotación desmedida del medio ambiente se manifiesta en graves problemas para la vida, los más pobres son los que sufren las consecuencias de manera inmediata y aguda. Creemos que lo que se vive en los lugares donde viven ustedes es una muestra de esta perversa manera de existir. Pero también hemos echado de menos un pronunciamiento de nuestros pastores, los que a diferencia del Papa Francisco han callado frente a este clamor
Hermanos: Queremos alentarlos a que perseveren en el camino que han tomado. Solamente haciendo presente con energía y con valentía esta horrorosa situación que ustedes viven, será como se encontrarán los caminos de solución. Al mártir San Oscar Romero de América lo asesinaron por hablar con toda claridad de los problemas de su pueblo; entre ustedes sabemos que ha habido muertos y heridos que también claman por una solución real y no solamente medidas que parecen una acción cosmética que da la impresión de estar haciendo algo, cuando en realidad todo sigue siendo tan grave como siempre.
Nos despedimos con nuestros deseos que el Señor de la Vida y la Esperanza los ilumine para buscar las formas de luchar e ilumine a los que deben tomar decisiones para que no se dejen tentar por los codiciosos.