Sin pisar la cárcel muere el militar genocida Sergio Arellano

arellano-stark-600_193845La madrugada del pasado miércoles murió el delegado de la Junta Militar Golpista y máximo responsable de la Caravana de la Muerte, operativo que recorrió desde el norte al sur del país ejecutando opositores políticos de la dictadura apenas producido el golpe de Estado.

A pesar de que en el año 2000 fue sometido a proceso por crímenes de lesa humanidad y luego, en octubre de 2008, fuera condenado por la Corte Suprema a seis años de prisión por su participación en el asesinato de 70 personas, no cumplió su pena en prisión al haber sido sobreseído por demencia, debido al alzheimer que lo aquejaba.

En una clínica privada y rodeado por su familia, el encargado de “uniformar criterios sobre la administración de justicia con los prisioneros políticos” recorrió desde el 30 de septiembre de 1973 las ciudades de Rancagua, Curicó, Talca, Linares, Concepción, Temuco, Valdivia, Puerto Montt y Cauquenes, para luego retornar a Santiago el 6 de octubre y proseguir desde el 16 de ese mismo mes por  La Serena, Copiapó, Antofagasta, Calama, Iquique, Pisagua y Arica.

Los restos de los presos políticos asesinados en este operativo nunca fueron entregados a sus familiares, ya que fueron reducidos a fragmentos, lanzados al mar o enterrados en el desierto.

Basadas en las declaraciones ante la justicia y una profunda investigación, las obras de los valientes soldados fueron preservadas gracias a los trabajos de Patricia Verdugo en su libro “Los zarpazos del puma; Mónica González con la publicación “La Conjura” o la reciente miniserie audiovisual “Ecos del desierto”, dirigida por Andrés Wood, creación que relata la vida de la abogada de derechos humanos Carmen Hertz, quien trabajó en la Vicaría de la Solidaridad y en la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación, y fuera esposa de Carlos Berger, periodista y abogado quien tras el Golpe de Estado fue condenado a 60 días de presidio pero asesinado por Arellano Stark y su comitiva.