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Karen Zelaya
El origen de los estudios de género se gesta evidentemente de los estudios feministas realizados hace ya más de cuarenta años atrás. No obstante es interesante cómo desde la reflexión en torno a la invisibilidad analítica de la mujer –esto es, está en el discurso social pero sin un rol activo- hemos llegado a la invisibilidad del hombre.
Sí, tal como se lee: de acuerdo a lo planteado por el Centro de Estudios de la Mujer perteneciente a la Universidad de Chile(1), el propio origen del concepto “género” –desde la biología- nos da una idea de la invisibilidad cultural del hombre como género puesto que, al igual que la mujer, como constructo social responde a una mirada que podríamos considerar de “masculinidad hegemónica”(2) en oposición a lo femenino.
¿Y por qué, desde el concepto de género, el hombre es invisible? Porque –y aunque parezca absurdo en un principio- cuando hablamos de hombre como género humano, “hablamos de un hombre universal”(3).
Es cierto que nos encontramos en una sociedad androcentrista, pero la construcción de la identidad masculina en oposición simbólica a la mujer (hombre no mujer, es decir, que aporte en labores domésticas; no homosexual, en términos de vulnerabilidad frente a otro hombre; no bebé, esto es, no expresar emociones, no llorar), la cimentación de lo masculino desde la negación (lo que no soy) acentúa el estatus de violencia contra la mujer. Y si a esto añadimos que la violencia forma parte de la cohesión social(4), pues, tenemos un círculo de violencia que no se corta.
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(1) UNIVERSIDAD DE CHILE, Centro De Estudios De La Mujer: “Estudios de Género”, en: III Jornada de Lineamientos Técnicos Serpaj Chile, Punta de Tralca, 2009.
(2) Ibíd., 2009.
(3) Ibíd., 2009.
(4) Ibíd., 2009.
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