24 enero 2012

Los egos deben sucumbir

Por Boris González López

Parte importante de la suma de errores y desaciertos que la política pública ha protagonizado en los últimos 20 años se circunscribe a un asunto de egos. La prueba empírica se valida cotidianamente ante las declaraciones y ataques cruzados que los medios de comunicación difunden a propósito de la pugna, supuestamente ideológica, de la clase política chilena. Habrá que esperar los resultados del pacto RN/DC para descubrir si el interés por modificar el sistema es genuino y apunta a una ampliación de las libertades políticas que redunde en una sociedad más justa, respetuosa y equilibrada, donde todos y todas tengan acceso a derechos invulnerables: educación de calidad, salud,  previsión digna, trabajo, no discriminación (étnica, social, cultural, etc.)     

Sin embargo, hasta ahora, la clase gobernante se enfrenta porque al combatir puede, en esta sociedad expuesta a los medios, o más bien, de los medios, exhibir, mostrar sobre la pasarela. Lo válido y más importante es utilizar el poder de la prensa para multiplicar exponencialmente las posibilidades de repostulación. No hay objetivos superiores, no hay propósitos comunes, no hay imperativos categóricos que animen seriamente las transformaciones sociales bajo causes verdaderamente participativos.

Y ello ha atentado contra los postergados de siempre. Dice Pierre Bourdieu, en Meditaciones pascalianas, que “los más desposeídos, los más carenciados, son quizás quienes han perdido la lucha simbólica por ser reconocidos, por ser aceptados como parte de una entidad social reconocible, en una palabra, como parte de la humanidad”. Luego de incorporar esa crítica, debiese existir una profunda reflexión en virtud de los acontecimientos ocurridos el 2011 y las lecciones que todos debemos sacar.

La clase política está obligada a efectuar una revisión seria de lo obrado hasta ahora. Aunque su principal motivación debiese ser moral (por eso es una obligación), propia e intransferible, seguramente serán nuevamente las marchas y manifestaciones las que obliguen al mundo de la política a ponerse a tono. Pero no será únicamente su responsabilidad sino que también de otras instituciones, cuya naturaleza (lo público) les otorga mayores grados de libertad para reflexionar en torno a la comunidad del futuro y sus desafíos centrados en la paz, la justicia, la libertad y el desarrollo armónico del país, del continente y del mundo.

Eso queremos lograr en la Universidad de Playa Ancha. Constituirnos en un espacio de crecimiento y reflexión conjunta, que permita contextualizar nuestro accionar desde lo académico hacia las otras esferas del quehacer social, a partir de las necesidades mismas que surgen en las comunidades. Ese diálogo nos abre un conjunto de inmensas posibilidades que hemos asumido con la convicción de quien construye en dos esferas distintas pero complementarias: la formación integral de nuestros estudiantes, es decir, apuntando al yo, para proyectarse hacia lo colectivo, hacia la comunidad, hacia el bienestar de todos y todas. Aquí el yo y el colectivo se funden en un ejercicio estrictamente académico y social.

Hacemos nuestro, como institución pública que fortalecerá su vínculo con el medio y los ciudadanos, el desafío para la equidad, como principio que se hace sustancial, propio y razón de ser de la UPLA, ante las carencias mismas en el desarrollo personal y en las competencias de ingreso a la Educación Superior de un segmento importante de los jóvenes chilenos. Un sistema social intrínsecamente inequitativo que somete la igualdad de posibilidades ante la fuerza del modelo económico (Chile está entre uno de los países con peor distribución de ingresos en el mundo. El 20% más rico del país se lleva el 61% del PIB, mientras que el 20% más pobre solamente el 3.3% del Producto Interno Bruto, PIB).

Trabajaremos por proponer una filosofía universitaria que enfrente el actual contexto mediante un concepto de formación integral que comprenda una educación tendiente al desarrollo y adquisición de competencias disciplinarias y profesionales, de hábitos reflexivos, críticos e investigativos; que aporten un ser y hacer responsables, éticos, participativos, solidarios y con capacidad de reconocer e interactuar con su entorno para que se construya su identidad cultural; al desarrollo de su inteligencia emocional, intelectual, social. En síntesis, un ser humano con una visión ética del mundo, comprometido con los derechos de todos y todas.

Generaremos junto a otros actores sociales públicos y privados espacios periódicos para los procesos de autorreflexión y autoreconocimiento, cuyo fin es que el estudiante y la comunidad en general se cuestionen sobre su propio desarrollo, reflexionando sobre el mundo en que vive. Generar una visión crítica, en un mundo globalmente comunicado en tiempo real, entrega herramientas discursivas y técnicas que le permitirán al futuro profesional constituir un aporte para la sociedad de hoy y también del mañana. Se calcula que en la mitad de este siglo seremos entre ocho y diez mil millones de seres humanos. ¿Está en condiciones la tierra de producir para ese número de habitantes? ¿Cuáles son las interrogantes que rondan a nuestros estudiantes latinoamericanos a propósito de los modelos de desarrollo y crecimiento y el jaque demográfico que vive la Humanidad?

Son preguntas que enfrentaremos desde el colectivo, desde un nuevo trato que modificará las prácticas políticas y sociales para bien. Ese es nuestro desafío como Universidad.

Boris González López es periodista, licenciado en Comunicación Social por la UPLA; Magíster en Gestión de Políticas Nacionales por la UPLA; y Magíster en Historia por la PUCV. Es académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la UPLA y profesor invitado por la Sede Santo Domingo de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Actualmente, es el director general de Extensión de la UPLA.



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